Todo empezó con una conversación
Una idea entre amigos
Mientras conversábamos con algunos compañeros y amigos, surgió una pregunta: ¿por qué no crear una fundación? Algunos ya habían sido voluntarios y, en ese momento, yo era voluntario activo de Pervivir, donde acompañábamos a comunidades indígenas de los Llanos Orientales.
En una de esas actividades, mientras aprendíamos a hacer manillas con mostacillas junto a los niños, también íbamos construyendo vínculos. Podía ver y sentir cómo aquello nos acercaba y nos hacía sentir parte de algo: de una comunidad.
